viernes, junio 30, 2006

ANTI-NACIONALISMO: " GLOBALISMO"

EL NACIONALISMO ECONÓMICO EMPOBRECE.-POR MARTIN PORRAS SALVADOR


La conciencia de los peruanos se ha visto perturbada últimamente por sentimientos nacionalistas, que resurgen desde los escombros de la dictadura velasquista y que nos están llevando por un camino al infierno económico. Casos como el de Aero Continente y Lan Perú, los usuarios versus Telefónica, el congresista Javier Diez Canseco versus el Ministro Kuczinsky, y el ascenso político del etnocacerismo, van configurando todo un escenario de alta hostilidad contra la iniciativa empresarial extranjera.

Con nacionalismo perdemos todos
Si no fuera por estos capitales no se generarían miles de puestos de trabajo, no habría innovación tecnológica, ni mejoramientos en los estándares de vida. Aunque todavía existe mucha pobreza y necesidades, una disminución de la inversión extranjera sería desastrosa. Es por eso admirable la capacidad de los empresarios chilenos y españoles, aun teniendo la desventaja de ser paises históricamente “enemigos”del Perú, estén arriesgando sus capitales en una economía pobre. Se han preguntado ustedes ¿quien perdería más en un conflicto bilateral?,¿no sería acaso el Perú?.Imaginense empresas como Saga Fallabela, Ripley, Texaco, Mobil, Mc Donald, Burger King, Cinemark, Marriot, Sheraton, Southern, entre otros, cerrando sus negocios y desempleando a decenas de miles de personas en la calle.

Desde luego que no somos partícipes del mercantilismo abusivo perpetrado por el estatismo que utiliza sus resortes de poder, lobbys, y mecanismos legales para favorecer tributariamente a ciertos empresarios extranjeros con la finalidad de hacerles ganar fácilmente dinero sin competir. Pero otra cosa es excusarse para condenar todo lo que suene a apertura económica con el exterior so pretexto que hay que favorecer lo que se ha hecho en el Perú por que así se da empleo a peruanos.

Todo esta globalizado
En un mundo globalizado los capitales no tienen bandera ni nacionalidad, la percepción arcaica de autosuficiencia es un tema del pasado. Ningún pais es autosuficiente ni en recursos naturales, tecnología, capitales, etc. Un peruano nacionalista debería consumir solo productos oriundos, es decir, no debería comer arroz, carne de res, fideos, etc. Debería vestirse solo con ropa nacional y fabricada con insumos y maquinaria peruana. No debería hablar castellano, ni leer, ni escribir y ver televisión. Ni siquiera escuchar radio, música criolla, hablar por teléfono y mucho menos usar celular. ¿Conoce usted a algún nacionalista consecuente?, ¿sabe en términos porcentuales cuan nacionalista es usted?. Si fuéramos nacionalistas deberíamos andar por las calles, semi desnudos con andrajos y sucio, delgado y hambriento, como cualquier individuo que calificamos de “orate”.

No somos ricos
Por eso es falsa la idea que el Perú es un pais rico. La abundancia de recursos naturales de por sí no es riqueza por que la riqueza se hace, se produce por los aportes tecnológicos, financieros, humanos de los empresarios. ¿Para qué nos serviría el gas de Camisea si no pudiéramos usarlo como bien final? De igual modo, ¿nos sirve de algo los minerales sino pudiéramos extraerlo y comercializarlo?. La riqueza hay que crearla y depende de los empresarios y sus inversiones para realizarlo. Sino hay condiciones políticas e ideológicas propicias para el libre mercado, podemos esperar sentados muchas décadas en nuestro banco de oro como lo señaló profeticamente Raymondi.

Falso nacionalismo
Por eso es irracional los argumentos nacionalistas en su sentido crematístico. Tratan a la economía en términos "territorialistas” y "patrioteristas”. Es un nacionalismo de viejo cuño ya experimentado en la década de los setentas con la revolución velasquista que trajo expropiación agraria, atraso tecnológico y pobreza extrema en casi todo el territorio peruano. Se utilizó al nacionalismo para practicar el proteccionismo salvaje con aranceles de hasta 400% contra los productos importados que provocó una baja de competitividad en la industria nacional, fuertes desequilibrios en la balanza de pagos, millonarias pérdidas en el presupuesto estatal por el otorgamiento de subsidios a productos nacionales e imposición de cuotas, prohibiciones y reglamentos, dañando el estándar de vida de los peruanos.
Este nacionalismo es realmente antinacional. Pone en peligro a toda una nación por una falsas premisas que debilita económicamente nuestro aparato productivo frente al mundo. El viejo "nacionalismo" es hoy una barrera para crecer. Es preciso erradicarlo de la mente de muchos peruanos para derrumbar los poderosos y oscuros intereses económicos que hay detrás de la demagogía patriotera y territorialista.©

viernes, junio 16, 2006

LA ECONOMIA SE MALOGRO CON ADAM SMITH

Por: Martín Porras salvador

Es común para los economistas aceptar a Adam Smith como el padre de la ciencia económica. Para muchos librecambistas, Smith es su santo patrón y el libro "La Riqueza de las Naciones" (1,776) como su evangelio. Sin embargo, es poco probable que alguien llegue a la conclusión, que se trata de una obra maestra pero de relatos tediosos, en absoluto claro, nada concluyente y divagante en extremo. Aun así, la reputación de Smith casi llega al sol, desde su época y hasta hace muy poco se le consideró como el padre de la economía.
En el libro "Historia del Pensamiento Económico" (Unión Editorial S.A., España, 2000)escrito por el economista de la Escuela Austriaca Murray Rothbard señala que Smith no aportó nada nuevo para el conocimiento de su época, es más, plagió muchas de las ideas de eminentes pensadores como Richard Cantillon (el verdadero padre de la economía), Turgot, a su maestro Hutchison, Hume y los escolásticos españoles.
Lo más grave del asunto es que las ideas de sus predecesores no fueron tratadas en la obra de Smith como tales, sino que fueron distorsionadas y sesgadas sobre prejuicios Calvinistas (culto que Smith profesaba) perdiéndose en su obra la esencia de la escolástica española reinante en la época.
Con Smith, la historia del pensamiento económico involuciona, pasando por David Ricardo (quien profundiza la confusión), J.S.Mill y en su máximo equívoco: Karl Marx; no es por lo tanto, descabellado asumir a Smith como el mentor de Marx. El equívoco del análisis marxista es total, por donde se lo analice y su influencia sobre J.M. Keynes aun persiste en el legado de su obra.
Como es lógico deducir, la historia del pensamiento no es lineal es por lo contrario, un tortuoso camino de contradicciones, avances y retrocesos. Thomas Khun en su "The Structure of Scientific Revolution", introdujo el término "paradigma" en el discurso intelectual, con lo cual demolió lo que gustó en llamar "La Teoría Whig de la Historia de la Ciencia". La teoría Whig, suscrita por casi todos los pensadores señala que la historia avanza en continuo progreso, mejorando lentamente, retocándose en una continua mejora, es decir que lo que hoy conocemos es más cierto o mejor que lo pasado; esto es cierto en algunas "ciencias duras" (química, física, etc) pero no funciona en las "ciencias blandas" (historia sociología, economía, etc).
Como señala Rothbard "No cabe, por lo tanto, en absoluto presuponer que en economía lo primero que se pensó fue peor que lo que le siguió, ni que todo economista con fama ha aportado su granito de arena al desarrollo de la disciplina. Es hasta muy probable que la economía, en lugar de ser un edificio siempre en progreso a cuya construcción cada cual ha contribuido con su aporte, puede haber y de hecho haya procedido de manera aberrante, incluso a modo zig-zag, con falacias sistémicas aparecidas mas bien tardíamente que hayan desplazado del todo paradigmas anteriores mucho más adecuados, redirigiéndose así el pensamiento económico por una vía degenerativa, totalmente errónea e incluso trágica." Yo agregaria que con Smith, la economía se malogró. ©

Por Martín Porras Salvador
www.martinporras.com

EN DEFENZA DE LA GLOBALIZACION

Los beneficios del capitalismo global
Por Johan Norberg Traducido por Daniel Rodríguez Herrera

Discurso dado ante el Círculo de Empresarios, Madrid 13 de Junio de 2002. Johan Norberg es autor del libro En defensa del capitalismo global, publicado por Timbro y ganador del Premio Antony Fisher.En los años 60, dos suecos visitaron varios países asiáticos como India, Indonesia, Malasia o China, y quedaron horrorizados por la pobreza que contemplaron allí. No podían creer en un futuro esperanzador y pensaron que, posiblemente, la única salida de muchos de estos países era la revolución socialista. En el pueblo indio de Saijani conocieron a Bhagant, un joven agricultor intocable, pobre y analfabeto, que vivía entre basura y luchaba diariamente por su supervivencia.

Treinta años después, cuando regresaron a esos mismos países que habían visitado treinta años antes, no podían creer lo equivocados que habían estado acerca de la abyecta miseria y el desastre que habían visto. Ahora observaban que más y más gente había sido liberada de la pobreza, el hambre y la insalubridad.

Cuando encontraron de nuevo a Bhagant, ahora un anciano, su casa estaba construida de ladrillo y no de barro, y todos sus vecinos tenían ahora zapatos en sus pies y ropa limpia - y no harapos - sobre su piel. Sus nietos iban todos a la escuela. Fuera, las calles tienen alcantarillado, y el perfume de la tierra cultivada había reemplazado el hedor de los excrementos y la basura. Treinta años antes, Bhagant no sabía que vivía en la India. Ahora ve las noticias internacionales en la televisión.Este desarrollo no ha surgido de ninguna revolución socialista sino, por el contrario, de una tendencia de las dos décadas pasadas hacia una mayor libertad individual. El comercio internacional y la libertad de elegir han crecido; las inversiones y ayudas al desarrollo han transmitido ideas y recursos. Muchos beneficios se han derivado del conocimiento, riqueza y tecnología de otros países.Pero el mayor cambio ha tenido lugar en la manera de pensar y de soñar de la gente corriente. La televisión y los periódicos aportan ideas e impresiones de todos los lugares del mundo, ampliando la noción sobre lo que es posible. Esto implica nuevas libertades para mujeres que siempre han estado oprimidas, ahora que tienen más oportunidades de conseguir un trabajo y, por tanto, ser más independientes de sus maridos. Los nuevos mercados financieros permiten a los granjeros que necesitan dinero para educación o su granja no acudir al prestamista que da dinero sobre la garantía del futuro trabajo de sus hijos. Cuando aparecen nuevas empresas, y es posible elegir entre diferentes empleos, el control total que los terratenientes solían tener se desvanece.Toda la generación de Bhagant era analfabeta. De la generación de sus hijos, solo unos pocos podían ir a la escuela, y, finalmente, toda la generación de sus nietos va al colegio. Bhagant se da cuenta de que las cosas han mejorado. La libertad y la prosperidad han crecido. Hoy en día, los niños son el mayor problema.Cuando él era joven, los niños eran obedientes y ayudaban en casa. Hoy se han hecho terriblemente independientes, ganando dinero por su cuenta. Esto puede provocar tensiones, pero no es ni mucho menos lo mismo que el riesgo de contemplar a tus hijos morir de hambre.El progreso en estos países es muy lento. Pero aún así es más rápido de lo que nunca había sido. La postura que adoptemos usted y yo y todos los demás habitantes del mundo desarrollado sobre el candente asunto de la globalización puede decidir cuanta gente va a compartir el desarrollo que ha tenido lugar en el pueblo de Bhagant, o si el desarrollo debe dar marcha atrás.El progreso Lo más importante que ha sucedido desde la primera ola de industrialización y desarrollo del siglo XIX es su difusión por todo el mundo en las últimas décadas. Durante los últimos 50 años, la pobreza global se ha reducido más que en los 500 años anteriores juntos. En los últimos 30 años, la renta media en los países en desarrollo se ha duplicado. Durante las últimas dos décadas, la proporción de la pobreza absoluta - es decir, las personas con un ingreso inferior al dólar diario - se ha reducido del 31 al 20 por ciento. Incluso, a pesar de que la población total ha aumentado en 1.500 millones, también se ha reducido en números absolutos por primera vez desde que se registra esta estadística en alrededor de 200 millones. Otros indicadores de bienestar en el tercer mundo muestran el mismo patrón. Cuando se tienen recursos, se puede incrementar el nivel de vida. Durante los últimos 50 años, el analfabetismo entre los jóvenes se ha reducido del 70 al 25%. La mortalidad infantil se ha reducido del 18 al 8%. La esperanza de vida ha crecido de 46 a 64 años. Durante los últimos 30 años, las situaciones de hambre permanente se han reducido del 37 al 18%. En otras palabras, estos indicadores están mejor hoy en los países en desarrollo de lo que estaban en los países ricos hace cien años. ¿Por qué ha sucedido esto? Mi respuesta es que esto ha sido el resultado del hecho de que algunas cosas que solían ser propiedad exclusiva de los países occidentales se han empezado a difundir por el mundo, cosas como la riqueza, las inversiones, las multinacionales, las ideas, los medios de comunicación, la ciencia, la tecnología, la medicina, etc.. Lo gracioso es que todo esto es exactamente eso que se denomina, quizá un poco a la ligera, globalización. La India de Bhagant, que intentó el proteccionismo y el estatismo tras la independencia, es el resultado de la especialización económica en los 80 y la liberalización de los 90.El movimiento antiglobalización se queja de que la globalización crea pobreza y desigualdad. Eso es una verdad a medias. Si se considera la pobreza están completamente equivocados, ya que se puede observar que la pobreza ha disminuido en las décadas de la globalización. Pero están en lo cierto cuando dicen que este es un mundo desigual. El factor que más determina el nivel de vida de un individuo y sus oportunidades de prosperar es la latitud en la que ha nacido. El 20% de la población consume el 80% de los recursos mundiales. Pero esto no significa que ellos, es decir, nosotros los del Norte, les quitemos esos recursos al resto del mundo. No, nosotros creamos el 80% de la producción de los nuevos recursos. Y eso no tiene nada que ver con que seamos más listos o trabajemos más que el resto. Tiene que ver con el hecho de que somos quienes tenemos la libertad de emplear nuestra inteligencia en lo que consideramos adecuado, y que tenemos la libertad de trabajar en nuestro propio beneficio, libertades estas que en el Sur se tienen en mucho menor grado.Hay una distribución desigual de la riqueza en el mundo, pero esto por la desigual distribución del capitalismo. Aquellos que tienen capitalismo se hacen ricos, los que no lo tienen permanecen pobres. Si destruyéramos el capitalismo todos seríamos pobres pero, eso sí, iguales. Por medio de la producción y el crecimiento económico, se produce más riqueza, y el capitalismo fomenta una producción cada vez mayor y más eficiente, pues si no logras ese objetivo te encuentras fuera del negocio. Fomenta y recompensa inversiones a largo plazo en una producción mejor. El comercio libre es comercio justo, casi por definición, porque un trato no se hace mientras ambas partes no piensen que ambos ganan algo de él. Al contrario que en los campeonatos de fútbol, ganan ambas partes.Cuanto mayor es el grado de libertad económica en un país, mayor es la oportunidad del mismo de conseguir más prosperidad, un crecimiento más rápido, un nivel de vida más alto, etc.. Si decidimos dividir el mundo en cinco grupos dependiendo del grado de libertad económica, como ha hecho el canadiense Instituto Fraser, vemos que los países más libres son diez veces más ricos que los menos libres y que tuvieron un crecimiento anual del 2'3% durante la década de los 90 mientras que los menos libres tuvieron un crecimiento negativo del 1'5%. Hay un dato aún más interesante que indica que la gente en los países más libres vive de media 24 años más que la gente en los países menos libres.Asia contra África Un interesante ejemplo de esto son los países en vías de desarrollo a lo largo de los últimos 50 años. En Latinoamérica y Áfricas los gobiernos querían autosuficiencia y monopolios estatales. El resultado fueron industrias crecientemente ineficientes detrás de barreras proteccionistas. Al final no podían ni sufragar las máquinas necesarias para continuar la producción. Las economías se derrumbaron hace unos veinte años y dejaron a la población con grandes deudas. Contraste esto con los países del sudeste asiático que se aprovecharon de la división internacional del trabajo con una política orientada a la exportación. Hicieron lo que mejor sabían hacer y el resto lo importaban. Tenían un gran intervencionismo gubernamental, pero controlado por las señales del mercado; cuando una empresa no era competitiva, se la ponía fuera del mercado. Estos países tienen ahora un nivel de vida cercano al europeo.A mediados de los años sesenta, Zambia era el doble de rica que Corea del Sur, y ahora Corea del Sur es 27 veces más rica que Zambia. Esto no puede explicarse por diferencias en la inteligencia o la ética del trabajo. La otra parte de Corea, Corea del Norte - y Birmania - otra de las economías del sudeste asiático, no ha tenido tanta suerte. Tienen una economía autosuficiente y planificada centralmente, y en duro contraste con sus vecinos, permanecen anclados en una profunda miseria.Por otro lado tenemos a algunos países africanos que han intentado algunas reformas liberalizadoras, aunque muy lentamente, como Botswana, Mauritania, Ghana y Uganda, y no se han atascado en la misma pobreza que el resto del continente, presentando en cambio crecimiento y una leve reducción de la pobreza.Podemos observar esto en todo el mundo. Se puede observar como China e India han comenzado a hacer rápidos progresos cuando empezaron a desrregular sus mercados, se puede observar como países con mercados libres como Chile y Méjico crecen más rápidamente que el resto de Latinoamérica y se puede observar esto incluso en las severamente planificadas economías del mundo árabe. Pequeños países árabes que han hecho reformas liberales, como Bahrein y Qatar, han experimentado un rápido crecimiento.
La globalización significa libertad La libertad económica, que significa tanto progreso económico como más libertad, es también una oportunidad para conseguir libertades políticas. A largo plazo es difícil para los dictadores que aceptan la libertad económica el evitar la libertad política. Durante las últimas décadas, en país tras país hemos podido ver como los gobernantes que han garantizado a sus ciudadanos el derecho a escoger bienes e invertir libremente finalmente se han visto forzados a darle una elección libre de gobernantes. Eso ha pasado en dictaduras del Sureste asiático y de Latinoamérica. El partido único de Méjico se derrumbó un par de años después de que el país optara por el comercio libre. La dictadura de Suharto se derrumbó como una baraja de cartas en el despertar de la crisis asiática, y en estos momentos podemos ver como los primeros movimientos hacia la democracia están teniendo lugar en África, en los mismos países que se ha comprometido con los mercados libres. La gente que crece más rica, mejor educada y más acostumbrada a escoger, no acepta que otros elijan en su lugar, de modo que la economía de mercado a menudo desemboca en democracia. Un sistema económico descentralizado hace posible el establecimiento de grupos independientes del poder político, que al fin y al cabo es la base del pluralismo. Encuestas internacionales sobre libertad económica han mostrado que los ciudadanos con capacidad de comerciar internacionalmente tienen aproximadamente cuatro veces más posibilidades de disfrutar de democracia que quienes no tienen ese derecho. Esta es, en parte, la razón por la que los activistas chinos desean que su país se una a la Organización Internacional de Comercio, mientras que los comunistas de la vieja escuela y el Ejército se oponen. La entrada obligará a mayor transparencia y descentralización, aparte de que una dictadura que siempre ha sido tiránica y arbitraria será obligada a someterse a un código internacional imparcial.Pero, en tal caso, ¿como es posible que tanta gente, desde manifestantes a profesores, piense que la globalización y el comercio crea pobreza? Una de las razones es que piensan que, tras la caída del comunismo, ya sólo queda en el mundo capitalismo y lo que ellos denominan neoliberalismo. En ese caso, si aún quedan problemas en el mundo como pobreza, enfermedad, desigualdad, etc., debemos culpar de ellos al capitalismo. Pero lo que olvidan es que el capitalismo está solucionando esos problemas, más rápido que nunca. Culpar al capitalismo por los enormes problemas en África, el continente menos democrático, capitalista y globalizado, es como culpar a los médicos de tu mala salud sin haber visitado nunca a ninguno.Otra razón puede ser que realmente no entiendan lo que es la globalización. En su reciente libro El malestar en la globalización, el Premio Nobel Joseph Stiglitz se queja de que la globalización empobrece a la gente, pero resulta que lo que él entiende por globalización es el Fondo Monetario Internacional. Pero fuera o no un error del FMI el reclamar tasas de interés más altas durante la crisis asiática del 97, poco tiene eso que ver con los méritos de la globalización. El FMI es una institución política, que intenta dirigir economías por medio del dinero de los contribuyentes, y padece de los mismos defectos que otras instituciones gubernamentales y agencias de ayuda. La globalización es otra cosa, es nuestro día a día, nuestras acciones voluntarias, donde compramos, donde viajamos, donde invertimos. Muchos se sienten impotentes ante la perspectiva de la globalización, y este sentimiento se comprende fácilmente cuando nos enfrentamos con las decisiones descentralizadas de millones de personas. Si los demás tienen la libertad de vivir sus propias vidas, no tenemos poder sobre ellos. Pero, a cambio, obtenemos un poder mucho mayor sobre nuestras propias vidas. Este tipo de impotencia es buena cosa. No hay nadie en el asiento del conductor, porque cada uno de nosotros está conduciendo su vida en muchas más direcciones.Internet se marchitaría y moriría si no enviáramos correos electrónicos, no encargáramos libros y no nos bajáramos música todos los días en esta red de ordenadores global, ninguna empresa buscaría productos del extranjero si no los pidiéramos, y nadie invertiría dinero más allá de la frontera si no hubiera emprendedores deseando invertir en respuesta a la demanda de los consumidores. La globalización la forman nuestras acciones cotidianas. Comemos plátanos de Ecuador, bebemos té de Sri Lanka, vemos películas americanas, pedimos libros al Reino Unido, trabajamos para empresas de exportación que venden en Rusia y Alemania, nos vamos de vacaciones a Tailandia y ahorramos dinero para nuestra jubilación en fondos de pensión invertidos en Sudamérica y Asia. Los recursos pueden ser canalizados por corporaciones financieras y los bienes transportados entre fronteras por diversas empresas, pero sólo se hace porque nosotros queremos que se haga. La globalización tiene lugar por abajo, aunque los políticos vayan detrás de ella con todo un abanico de siglas - UE, FMI, BM, ONU, UNCTAD, OCDE - en un intento de estructurar el proceso.Los críticos llaman a la globalización la "globalización de las multinacionales". Eso es una tontería. Las grandes empresas tienen mas poder en sociedades cerradas, con privilegios y aranceles que impiden a otras empresas competir y a los consumidores elegir. En ese tipo de sociedades, como la latinoamericana tras la Segunda Guerra Mundial, las multinacionales pueden hacer productos caros y malos ya gente está obligada a acudir a sus sedes y trabajar para ellas.La globalización es la manera de dar a las multinacionales más libertad para comerciar e invertir pero, al mismo tiempo, quitándoles poder. En un mercado libre, las empresas son como camareros; son libres de ofrecerte el menú pero si no estás interesado puedes ir a cualquier otro sitio. El comercio libre significa que otros camareros, incluso extranjeros, pueden ofrecerte menús en competencia. Tú estás al cargo. Puede que sean las grandes empresas y los bancos quienes transporten bienes y capitales a través de las fronteras, pero si no fuera por el hecho de que existe una demanda popular por ellos, no lo harían. ¡La globalización la controlamos nosotros, las personas!Y además beneficia a los más pobres. Para los países pobres no resulta un problema que haya países ricos, como el movimiento antiglobalización parece sugerir. Al contrario, es una gran oportunidad. 130 años atrás, a Suecia le benefició el hecho de que países como Inglaterra y Francia fueran mucho más ricos y más industrializados. Eso significó que pudiera emplear directamente ideas y tecnología provenientes de estos países, que a ellos les costó mucho más, en tiempo y dinero, desarrollar desde el principio.Las multinacionales que invierten en países pobres le llevan nueva maquinaria, mejor tecnología, mejor gestión e ideas para la producción, un mercado más amplio y educación para sus trabajadores, que incrementará su productividad y bienestar. 130 años atrás, Suecia pudo obtener capital de Inglaterra para invertir y desarrollar su propia producción e infraestructura, pudo vender más bienes y pudo finalmente comprar bienes más avanzados. ¿Y como pagamos esto? ¡Teniendo tasas de crecimiento mucho más altas! Las estadísticas muestran claramente que las economías abiertas pobres crecen más rápido que las economías abiertas ricas. El comercio libre hace más ricos a los ricos, y a los pobres, pero los ricos no se benefician tan rápidamente como los pobres. Las posibilidades de un rápido crecimiento para los países pobres son más altas cuanto más evolucionado esté el resto del mundo. Cuando Inglaterra empezó a duplicar su riqueza, en 1780, le costó 50 años. Cuando Japón hizo lo propio cien años más tarde tardó 34 años. Y cuando Corea del Sur hizo lo mismo otros cien años después, le llevó sólo 11 años. Cuando los países están conectados unos a otros con comercio y movimiento de capitales, los pobres parecen ser los que más ganan. ProteccionismoY aquí llegamos a la que debería ser la principal preocupación sobre el comportamiento de los países occidentales. Porque no es que estén intentando engañar a los países en vías de desarrollo para que realicen una especie de globalización neoliberal, sino que no les están dejando participar en ella.A lo largo de los últimos cincuenta años, se ha liberalizado el comercio de todo el espectro de productos con dos excepciones: los productos textiles y agrarios. Y los productos que la UE y los Estados Unidos no frenan con aranceles y cuotas, los para con medidas anti-dumping, reglas burocráticas sobre su origen, el principio de precaución, medidas de protección ambiental, etc.. El Programa de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas asegura que los países en vías de desarrollo pierden anualmente unos 700 billones de dólares en exportaciones debido a nuestros aranceles y cuotas. Esto es 14 veces más de lo que les llega en ayuda exterior cada año. Destruimos sus posibilidades de enriquecerse, al mismo que tiempo que nos negamos a nosotros mismos productos mejores y más baratos y más especialización y eficiencia. Y es que el aspecto más absurdo de todo esto es el daño que nos hacemos a nosotros mismos con esta política. El economista francés Patrick Messerlin ha indicado que los pocos trabajos que el proteccionismo de la Unión Europea ha salvado lo han sido a un coste de unos 200.000 dólares por empleo, que es aproximadamente diez veces el salario medio en esas industrias. A ese precio, podríamos dar a cada trabajador un Rolls Royce cada año. El coste total del proteccionismo de la Unión Europea llega hasta el 5-7 % del PIB de la Unión Europea, lo que es más o menos tres veces el de Suecia. Desde la caída de la Unión Soviética y las reformas económicas en China sólo quedan en el mundo tres economías planificadas centralmente: Corea del Norte, Cuba y la Política Agraria Común de la UE. La PAC no solo mantiene a los exportadores del tercer mundo fuera del marcado con sus enormes aranceles y cuotas y los billones de dólares con que subsidian a los granjeros europeos, sino que, vendiendo en el mercado internacional el excedente subvencionado, la Unión Europea también logra hundirlos en el tercer mundo. Los cálculos más recientes muestran que el coste total que sufren los consumidores y contribuyentes de los 29 países miembros de la OCDE por las barreras comerciales y el apoyo a la agricultura llega a los 360 billones de dólares. Una suma tan grande es difícil de comprender, pero es suficientemente grande como para pagar un billete de clase preferente para hacer un viaje en avión alrededor del mundo a cada una de las 50 millones de vacas que hay en esos países, y aún les dejaría 2.800 dólares para gastar en sus paradas en los Estados Unidos, Europa y Asia. Y podrían hacer un viaje de esta naturaleza cada año. Esto es lo que nos cuesta la destrucción del libre comercio y de las posibilidades de los países pobres de desarrollar sus propias economías. Si los países ricos fueran sinceros en su retórica sobre la justicia global y el desarrollo, deberían abolir el proteccionismo. Lo que, dicho sea de paso, es la causa del título de mi libro. Hemos desarrollado cierto tipo de capitalismo en nuestra parte del mundo donde tenemos libertad de poseer, competir y comerciar sin intervención gubernamental. Pero sólo tendremos un capitalismo global cuando el resto del mundo tenga las mismas libertades. Creo que ese objetivo merece una defensa.

Popper; Centinela de la Libertad

Por Carlos Blank

Cortesía del CEES. Publicado originalmente por Cedice.

Sir Karl Raymund Popper nació en Viena el 28 de Julio de 1902, hace exactamente un siglo. Perteneció, sin ningún genero de dudas, a esa admirable elite de creadores que floreció en la capital del imperio austro-húngaro entre finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte. Sin embargo, su importancia no reside tanto en la originalidad de sus ideas, como en la fuerza y claridad con las cuales las defendió. [1] Su periplo vital lo llevó primero a Nueva Zelanda y después a Gran Bretaña, adoptando su ciudadanía y su lengua. Falleció en Gran Bretaña en el año de 1994.
Desde muy joven, contando apenas diecisiete años y finalizada la primera guerra mundial, rompió filas con el partido comunista, al cual perteneció por unos meses apenas. Desde entonces, se convirtió en uno de los más fervientes críticos del marxismo, así como del método violento y poco científico sobre el cual se sustentaba. Su decepción del marxismo lo llevó a reflexionar permanentemente sobre la verdadera actitud racional que debe comportar la empresa científica y a buscar otra vía para la realización de los ideales humanitarios que el marxismo defendía, aunque en la práctica haya “creado un sistema de opresión sin paralelo en la historia”. [2] Siempre trató de comprender paradojas como esta: por qué el deseo de liberación de la humanidad podía producir en la práctica un sistema tan represivo y oprobioso. En contra de lo que piensa la mayoría, los males sociales no eran consecuencia directa de personas mal intencionadas, sino más bien el subproducto no esperado de las intenciones de personas animadas por los más nobles ideales.
Se propuso analizar con detalle la mentalidad que encierran los sistemas totalitarios y denunció al fascismo y al comunismo como las dos caras de la misma moneda: como la rebelión contra la sociedad abierta o como el deseo o anhelo de volver a la seguridad de la sociedad cerrada. El derrumbe de la sociedad abierta, que tuvo su origen en Grecia, trajo consigo un fuerte sentimiento de inseguridad y de “estar a la deriva”. Empero, este es el precio que debemos pagar por la libertad y por la emergencia del individuo. Para él, es esta tensión permanente entre el anhelo de libertad y el de seguridad lo que explica buena parte de los conflictos de la civilización humana.
Tuvo una clara conciencia del poder de las ideas y de la responsabilidad de los intelectuales en buena parte de los males que aquejan a la humanidad. [3] Por eso mantuvo una actitud crítica incluso con las tradiciones a las cuales él decía pertenecer.
Sucede que no sólo soy un empirista y un racionalista al mismo tiempo sino también un liberal (en el sentido inglés de la palabra): pero justamente porque soy un liberal siento que pocas cosas son tan importantes para un liberal como someter las diversas teorías del liberalismo a un minucioso examen crítico. [4]
La necesaria matización de la cita anterior nos indica que ya estamos en presencia de un problema: el de que debemos aclarar en qué sentido somos liberales, puesto que con los rótulos de "liberal" y de "liberalismo" (así como de " racional" y de "racionalismo") designamos posiciones diferentes, tan diferentes que a veces pueden ser irreconciliables entre sí. Bajo estos rótulos incluimos opiniones de pensadores tan diferentes o políticas de gobierno tan diferentes entre sí que, al final, terminan perdiendo su sentido, se vuelven fórmulas vacías o conceptos sin contenido. O como señala Vargas Llosa: "Todos somos liberales, pues. Lo que equivale a decir: nadie es liberal". [5] Esto no impide, claro está, que encontremos entre las distintas versiones de liberalismo rasgos generales comunes, que observemos un cierto "aire de familia".
Uno de estos rasgos es el que Popper destaca como típico de la acepción inglesa de liberal: "llamo liberal no al simpatizante de un partido político, sino simplemente a un hombre que concede valor a la libertad individual y que es sensible a los peligros inherentes a todas las formas de poder y de la autoridad". [6] En efecto, una de las constantes del pensamiento liberal es la creencia en la capacidad del individuo para hacerse responsable de su propio futuro o destino (qué si no esto puede entenderse por libertad) y para construir un mundo mejor, a pesar de todas las dificultades que supone esta tarea y sin que ello implique necesariamente una fe ciega en el progreso humano o la búsqueda de un orden social ideal o utópico.
Como consecuencia de esta íntima desconfianza a toda forma de poder o autoridad y de su no menos íntima confianza en la libertad individual, podemos decir que el liberalismo roza en cierto sentido el anarquismo. Como él dice:" Todo aquel que está a favor de la libertad debe estar a favor de estar lo menos gobernado y tener el mínimo gobierno posible; así puede acercarse a la ausencia de gobierno, al anarquismo. El anarquismo es una especie de exageración de la idea de libertad".[7] Esto plantea un problema central: el de la limitación de toda forma de gobierno en tanto que supone una amenaza a la libertad individual, así como la limitación de la libertad en tanto esta puede desembocar en anarquía o nuevas formas de tiranía, como la "tiranía de la mayoría".
Otro de los rasgos generales del pensamiento liberal, y que también se desprende de lo anterior, es su pluralismo. Esto es, la creencia de que nadie puede poseer el monopolio de la verdad y de que la única forma como podemos acercarnos a ella es mediante el libre intercambio de opiniones, la libre competencia de hipótesis o de teorías. No es casual que tanto el espíritu de investigación científica como el espíritu liberal sean hijos de la actividad comercial, la cual supone un constante ejercicio de competencia y de complementación, un espíritu de negociación, de "toma y dame".
El comercio supone la ruptura de los límites tribales, la confrontación con otras opiniones y valores. Dicho de otro modo, el comercio, el espíritu de investigación científica y las ideas liberales, sólo pueden florecer realmente en un clima de libertad y de pluralidad. Y en un mundo de complejidad creciente, la libertad, el pluralismo y la flexibilidad, se vuelven cualidades indispensables. Como lo señala J.O'Toole:
"El pluralismo así deviene el único mecanismo efectivo para reconciliar las cuestiones controversiales que se encuentran en la sociedad moderna - conflictos entre aquellos que buscan una mayor libertad política y de mercado y aquellos que buscan una mayor igualdad y seguridad económica, entre aquellos que buscan una mayor eficiencia industrial y crecimiento económico y aquellos que buscan una más elevada calidad de vida". [8]
El enfoque pluralista es el único que nos puede ofrecer un marco apropiado de funcionamiento para un modelo democrático en el cual se deben de satisfacer los legítimos intereses en conflicto que siempre existen entre los miembros de la sociedad, teniendo en cuenta también que su satisfacción nunca puede ser completa o total. El pluralismo, si bien respeta la profunda desigualdad existente entre los individuos y sus intereses, no por eso está en contradicción con los ideales de un humanismo igualitarista. Con lo que sí es incompatible el pluralismo liberal es con la creencia en un dogma único, aunque se trate del "dogma liberal". La posible adopción de un pensamiento único no sólo sería contrario al sentido del liberalismo, sino que iría también en contra de lo que significa la propia cultura occidental. Por eso para Popper "el acuerdo del Occidente en torno a una sola idea, a una sola creencia, a una sola religión, sería el fin del Occidente, su capitulación, su rendimiento incondicional a la idea totalitaria". [9]
En este sentido, el pensamiento liberal es lo opuesto al espíritu de sistema, a la ideología total o a la idea totalitaria, al dogma o al fanatismo. El dogmatismo encierra el fanatismo y el fanatismo lleva al totalitarismo, esto es, en definitiva, a la pérdida de la libertad. Por eso es imposible encerrar el liberalismo, al menos tal y como lo entienden Popper o Hayek, dentro de un sistema cerrado o acabado de pensamiento, dentro de un nuevo dogma. Al respecto vale la pena citar un texto en el cual Hayek se reconoce muy próximo al pensamiento de Popper:
"Popper y yo estamos de acuerdo en casi todos los respectos. El problema es que no somos neoliberales. Quienes así se definen no son liberales, son socialistas. Somos liberales que tratamos de renovar pero nos adherimos a la vieja tradición de que se puede mejorar, pero que no puede cambiarse en lo fundamental. Lo contrario es creer en el constructivismo racionalista, en la idea de que se puede construir una estructura social concebida intelectualmente por los hombres e impuesta de acuerdo a un plan sin tener en consideración los procesos culturales evolutivos". [10]
Hay otro aspecto que se desprende de este intento de convertir al liberalismo en un sistema único de vida o de pensamiento y que está en igual contradicción con él que el dogmatismo. Nos referimos a la opinión bastante extendida de que existe en definitiva un curso necesario que conduce a la hegemonía del pensamiento liberal en el mundo, que más tarde o más temprano todos los países caminan hacia una revolución democrática y hacia una economía de mercado, tesis avanzada por Fukuyama en su obra “El fin de la historia y el último hombre”. Con ello no hacemos sino convertir al liberalismo en una forma de historicismo con claro sabor hegeliano, tan atacado por Popper. Convertimos lo que es una mera tendencia en una "tendencia absoluta" -expresión híbrida completamente contradictoria- o en una "ley inexorable" de la historia. Pero no existen tales "tendencias absolutas", no existen tales "leyes inexorables" de la historia, no hay un curso único de la historia hacia un determinado punto. La historia no se dirige a ningún lado, entre otras razones porque no existe la historia como tal, sino diversas historias, múltiples interpretaciones de la historia.
Tan ingenua y peligrosa como podía ser la creencia marxista de que un orden socialista mundial era una consecuencia inevitable del derrumbe igualmente inevitable del orden capitalista, sería el sostener ahora que de las cenizas del mundo comunista debe emerger de manera inexorable un nuevo orden mundial liberal económica y políticamente. Ya sabemos lo que le ocurrió a la "profecía" marxista. Nada impide que esta nueva "profecía" tenga un destino similar. “El futuro siempre está abierto”, señala insistentemente Popper. Por eso el historicismo, ya sea en su versión pesimista u optimista, es una señal de superstición y falta de imaginación.
La miseria del historicismo es, podríamos decir, una miseria e indigencia de imaginación. El historicismo recrimina continuamente a aquellos que no pueden imaginar un cambio en su pequeño mundo; sin embargo, parece que el historicista mismo tenga una imaginación deficiente, ya que no puede imaginar un cambio en las condiciones de cambio. [11]
Otro rasgo de familia de este liberalismo, que se desprende del reconocimiento del carácter provisional y parcial de las opiniones humanas y de las creencias, del reconocimiento del carácter falible del conocimiento humano, es el de la tolerancia. Se advierte claramente que la tolerancia se desprende de la falibilidad humana, al comprobar que la actitud opuesta, a saber, la actitud dogmática, o la creencia de que somos infalibles, nos predispone a la intolerancia, a la persecución, a la "caza de brujas". A continuación Popper nos resume los orígenes de esta tradición de tolerancia y sus raíces en la falibilidad humana.
Fue esa doctrina de la esencial falibilidad humana la que revivieron Nicolás de Cusa y Erasmo de Rotterdam (quien alude a Sócrates); y fue sobre la base de esa doctrina 'humanista' (en contraposición a la doctrina optimista a la que adhería Milton, la de que la verdad siempre prevalece) sobre la cual Nicolas, Erasmo, Montaigne, Locke y Voltaire, seguidos por John Stuart Mill y Bertrand Russell, fundaron la doctrina de la tolerancia. [12]
Si la defensa de la libertad no implica llegar al extremo de la anarquía y la defensa del pluralismo no implica la adopción de un relativismo radical, la defensa de la tolerancia también supone límites, por lo que "debemos reclamar, entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes". [13] Popper expone esta actitud de tolerancia en los siguientes términos:
Creo que tengo razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón. [14]
Esta disposición a conceder el beneficio de la duda al momento de defender nuestras opiniones, a reconocer que podemos estar equivocados y, sobre todo, a reconocer que el otro puede tener razón, aunque al comienzo pensemos lo contrario, es una disposición o una actitud de consecuencias invalorables en los asuntos humanos. Esta disposición supone que hagamos una diferenciación importantísima entre los argumentos que sostiene una persona y la persona que los sostiene. [15] Esto implica que podemos atacar los argumentos de una persona, sin dejar por ello de respetar la dignidad de la persona que los profiere, que podemos criticar sus argumentos sin atacar directamente a la persona. Este cambio de espadas (swords) por palabras (words), constituye un paso decisivo en la evolución humana y supone que nuestros argumentos pueden morir en lugar de nosotros. En efecto, "no se mata a un hombre cuando se adopta primero la actitud de escuchar sus argumentos". [16] En cambio, "es imposible tener una discusión racional con un hombre que prefiere dispararme un balazo antes que ser convencido por mí". [17]
Por todo lo anterior quizás sea más apropiado comprender al liberalismo como una actitud o como una disposición de autocrítica y de tolerancia, como un humanismo pluralista, en lugar de comprenderlo como una doctrina o como una teoría monolítica o unidimensional, que pretende defender sus ideas de manera dogmática. Esto explicaría, por lo demás, que podamos agrupar bajo este rótulo pensadores bastante diferentes entre sí, aunque todos ellos conserven un talante muy similar. Más que una teoría acabada o cerrada acerca del hombre y de la sociedad, el liberalismo defendería la necesidad de revisar siempre cualquier teoría, cualquier creencia, cualquier opinión. O como dice Bertrand Russell, en su estilo magistral:
La esencia de la perspectiva liberal no descansa en cuales opiniones son sostenidas, sino en como son sostenidas; en lugar de ser sostenidas dogmáticamente, ellas son sostenidas tentativamente y con la conciencia de que nueva evidencia puede conducir en cualquier momento a su abandono. [18]
Gran parte de los graves conflictos humanos tienen su origen en la actitud opuesta a la que nos describe Russell, hunden sus raíces en el fanatismo, en la intolerancia y en la intransigencia. El liberalismo se opone al fanatismo y al fundamentalismo, así como el racionalismo crítico se opone al dogmatismo y a la pretensión de poseer la verdad absoluta. En tanto que los conflictos humanos son el resultado de la variedad de lo humano ellos son inevitables y hasta cierto punto deseables. Una sociedad completamente libre de conflictos sería todo menos una sociedad humana. Sería, nos dice Popper, no una sociedad de amigos sino una sociedad de hormigas.
No puede haber sociedad humana que carezca de conflictos: una sociedad tal sería una sociedad no de amigos, sino de hormigas. E incluso si fuera obtenible, existen valores humanos de la mayor importancia que serían destruidos al lograr esa sociedad, y que por tanto nos disuadirían de intentar producirla. Por otra parte, es cierto que debemos producir una reducción del conflicto. Así tenemos aquí un ejemplo de pugna de valores o principios. Este ejemplo muestra también que las pugnas de valores y principios pueden ser valiosas y esenciales además para una sociedad abierta. [19]
Los conflictos son inherentes a las sociedades humanas, así como los errores son inherentes al conocimiento humano. El saber humano y la sociedad humana son precisamente eso: humanos; es decir, son incompletos, imperfectos, susceptibles de error, pero por eso mismo son susceptibles de mejoras y correcciones, a través de instituciones orientadas con ese fin. Esta es la esencia del liberalismo y del racionalismo popperiano. En ello reside la esperanza siempre presente de un mundo mejor.
Verdad es que necesitamos de la esperanza; actuar, vivir sin esperanza es cosa que supera nuestras fuerzas. Pero no necesitamos más que eso y, por lo tanto, no se nos debe dar más. No necesitamos certeza.[20]
[1]. Con relación a este punto resulta muy reveladora la lectura de La Viena de Popper, Unión Editorial, Madrid, 2001.
[2]. El desarrollo del conocimiento científico: Conjeturas y Refutaciones. Barcelona, Paidós, Buenos Aires, 1979, p. 424.
[3]. Véase “Tolerancia y responsabilidad intelectual”, Cuadernos de Reflexión, CEDICE, 2001.
[4]. El desarrollo del ..., p.13.
[5]. “América Latina y la opción liberal” ,en El Desafío liberal, Levine (ed.), Norma, Bogotá, 1992, p. 24.
[6]. El desarrollo del... p. 2.
[7]. Sociedad abierta, Universo abierto. Tecnos, Madrid, 1984, p.27. Uno de los principios básicos del liberalismo es que el estado no debe hacer por el individuo lo que éste puede hacer por sí mismo. A esto se opone el paternalismo de estado, que considera que el estado está obligado a hacerle todo al individuo, lo que también implica una visión infantilista de los individuos, como si estos fuesen niños que no son capaces de hacer nada por sí mismos.
[8]. "De Marx a Madison: las contradicciones culturales del socialismo", Encyclopaedia Brittanica, 1989, Book of the Year, p. 14b.
[9]. In Search of a Better World, Routledge, Londres, 1992, p. 210.
[10]. Citado por Arturo Fontaine Talavera en “Sobre el pecado original de la transformación capitalista chilena”, en Levine op. cit. pp. 114s.
[11]. La miseria del historicismo, Alianza/Taurus, Madrid, 1981, p. 145.
[12]. El desarrollo del..., p. 25.
[13]. La sociedad abierta y sus enemigos, Paidós, Barcelona, 1981, p. 512, 4n
[14]. El desarrollo del... p. 410. Para él esta disposición a escuchar los argumentos del adversario es comparable a la "actitud que trata, en la medida de lo posible, de transferir al campo de las opiniones en general las reglas de todo procedimiento legal: primero, que se debe oír siempre a ambas partes; segundo, que quien es parte en el caso no puede ser un buen juez". Ibid. p. 410s.
[15]. Al respecto dice Popper: 'El hecho de que la actitud racionalista tenga más en cuenta el argumento que la persona que lo sustenta es de importancia incalculable. El nos lleva a la conclusión de que debemos reconocer en todo aquel con quien nos comunicamos una fuente potencial de raciocinio y de información razonable; se establece, así, lo que podría llamarse la 'unidad racional del género humano' ". La sociedad abierta y sus enemigos, p. 393.
[16]. Ibid. p. 404.
[17]. El desarrollo del..., p. 411.
[18]. “Philosophy and Politics”, en The Basic Writings of Bertrand Russell, Egner&Denonn (eds.), Simon&Schuster, Nueva York, 1961, p. 463.
[19]. Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid, 1977, p. 155.
[20]. La sociedad abierta y sus enemigos, p. 439.

viernes, junio 09, 2006

MUNDOS SIN FRONTERAS


En estas páginas compartiré algunos temas de interés común para todos aquellos que compartimos la idea de un mundo global, libre y sin fronteras...
Mi causa es derribar las FRONTERAS MENTALES que nos impiden hermanar a la humanidad, las fronteras son ficciones creadas por intereses políticos e ideológicos de turno, usando como medio sentimientos instintivos de propiedad mal entendidos o peor aún.... mal intencionados.